Todo es una gran excusa

Es muy simple desaparecer cuando ya no queda público en un lugar que empieza a pertenecer al pasado y forma parte de una anécdota. Una historia que nunca tuvo fin y pensamientos al aire que llegaron muy pocas veces hasta este lugar.

Siempre encontré-y sigo encontrando-divertido manifestarme de forma ambigua sobre muchos temas al mismo tiempo, confundir a la gente y quedar como un completo estúpido porque, a fin de cuentas, no me seduce la idea de pasar por una persona regular que no muestra signo alguno de que esta sociedad no lo afectó en ningún momento. La persona normal es una ilusión establecida por el inconsciente colectivo para tener un falso referente al cual comparar y triturar cuando se cruzan con gente como, digamos, yo.

Es así como, en más de una oportunidad, simplemente me recluí a asentir con la cabeza, apurar el trago y esperar a que pase rápido el momento para poder salir de este tipo de círculos en donde lo único que importa es dar una buena impresión y ser aprobado por alguien. Asco. Aquellos que necesitan la constante aprobación de su entorno demuestran fuertes signos de complejo de inferioridad y un muy bajo nivel de independencia. Papi y mami no nos han querido lo suficiente. Al carajo.

Es cierto también que cada día son más los locos que pueblan la ciudad, y es por eso que mi intimo grupo de amigos pasó a tener cada vez más miembros, ¿quien lo puede negar? la inestabilidad mental de nuestros pares hace que el día, la vida y la resolución de problemas se vuelva más interesante. Cómo contra parte, también, se puede decir que los conflictos con estas personas, son también más complejos, una mente complicada sólo puede generar problemas retorcidos que no encuentran un fin sólido.

Que no se mal interprete, no se trata del nivel intelectual de cada persona, sino del nivel de desapego que esta tiene con su entorno y sus pares. No estoy diciendo que hay que vivir en una montaña alejado del mundo, comiendo latas de arvejas y cortar leña con un cuchillo dentado, pero nadie debería sentirse mal o culpable por pasar un fin de semana en el más absoluto de los silencios. Si no se puede aprender de y con la soledad a lo largo de la vida, supongo que la muerte puede, entonces, resultar algo muy frustrante para quien la experimente, es decir, todos.

Pero volviendo al tema de la cantidad, con el pasar de los años encuentro un alto crecimiento tanto en el número como en la velocidad con la que aparecen estos desequilibrados mentales que vienen en todas las formas y sabores posibles, no es ningún secreto esta situación. Y es un efecto dominó que hoy reina el mundo: si yo estoy enojado, entonces vos también. Si vos me empujás por la calle sin querer, yo te bajo todos los dientes. Si me rompés el corazón, la próxima persona que pase por mi vida probablemente se lleve el suyo roto también, a modo de transferencia.

Puedo concluir, entonces, en que la desestabilidad mental paso de ser una plaga que afecta a la humanidad desde el principio de los tiempos para pasar a convertirse en una moda, ser una persona normal se ha convertido en el nuevo ser raro.

Es eso o yo me estoy convirtiendo en un viejo de mierda.