Me cago en twitter (III)

Ahora hay luna y me voy a fumar un cigarrillo antes de irme a dormir. Salud!

Me cago en Twitter (II)

Hoy también hay sol! y ahora me voy a tomar un café.

28 Semanas Después, 2:39 de pelicula

De la mano de los amigos de weblog hunters(gracias por toda la buena onda!!), llegan 2:39 de la secuela de 28 días después, 28 weeks later, aunque esta entrega no sea de Danny Boyle, este pedacito de película me tienta mucho a verla.

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No hay mucho por decir, es una de muertos vivos!
La película tiene como fecha de estreno el 11 de Mayo, veremos cuando llega a Argentina.

Desvariando

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Quienes entren normalmente a este sitio habrán notado que estoy posteando un par de historias, voy a seguir haciéndolo mientras que de a ratos posteo lo de siempre. Si tienen ganas de leer, vayan en este orden:

Espero que no se aburran demasiado :P

Sofía

sol.jpgSoy una persona solitaria, nunca me gustó la compañía durante demasiado tiempo y logré poner eso en practica cuando estuve dos años sacandole fotos a todo lo que encontraba por las calles de París. Así fue como junte la plata para comprar mi departamento en Caballito, bastante cerca de la linea E. Tengo al mundo a mis pies, o eso es lo que siempre me dijeron los pocos novios que tuve. Nunca me gustó el compromiso, lo considero un estorbo en mi camino, mis objetivos están mucho mas allá que eso, tal vez un día, sí, pero no ahora.

Un fuerte desayuno, café, jugo de naranja, algunas tostadas con queso. Una ducha. Me visto, salgo. Había un sol radiante, me encantan esos días, nada puede salir mal. Saludo a Germán y le compro un paquete de cigarrillos, se encontraba extraño, otra vez se habrá peleado con la mujer, pobre cornudo.

Mientras me dirigía a la estación Mitre podía sentir los tibios rayos del sol en mi espalda, era reconfortante sentir que estoy viva, no entiendo como la gente no se da cuenta de que por sus venas corre sangre, que se jodan, el peor error cuando uno está vivo es no vivir. Encendí mi reproductor de música, el random cayó en Artaud, en ese momento me encontraba lo suficientemente tranquila como para escucharlo, así que lo dejé. Encendí un cigarrillo y lo disfruté. Llegué a la estación, mi subtecard estaba cargada, así que pasé rápido por el molinete. El no tener un horario fijo ni tener que saldarle cuentas a nadie me deja esa libertad, el subte iba a venir vacío, apenas eran las once de la mañana. Ojeo la revista que me regaló ayer Luciana, en ella lo primero que encuentro es "... pintarse las uñas hace bien ...", andá a cagar, cuanta basura que hay dando vueltas, y lo peor es que las pendejas se lo creen, tal vez debería haber seguido marketing, me llenaba de guita, por lo pronto nunca más voy a aceptar nada de Luly.

La llegada del subte me interrumpe, estaba vacío, me acomodo en mi lugar favorito, el segundo vagón, primer asiento de uno, en donde el aire corre libremente. Arranca. Comienzo a soñar despierta.

Mi empresa, mi empresa, mi propio estudio, mis propias reglas, falta poco, solo unos cuantos ajustes de tuerca más. Hace 2 años que estoy dando vueltas, el tiempo no pasa, las ansias me ganan, hoy es el día. No entiendo, dijeron que iba a ser rápido. No sirvo para esperar, pero hoy es el día. El sonido del subte parece el de una fiambrera en pleno trabajo, nunca lo había notado, me relaja. Que será de la vida de Feli? seguirá en España? hace mucho que no se nada de ella, tendría que mandarle un mail. Leche. Tengo que comprar leche cuando vuelva, si no mañana voy a ponerme neurótica. Y la oficina sería enorme, con sillones por todos lados, cuadros gigantes colgados en las paredes, y un ventanal que vaya de punta a punta, mirando al río, cuanto más alto el piso, mejor. Una pantalla que vaya pasando fotos y videos constantemente, eso quedaría bien. Mucha luz, pisos de madera, parquet, sí, van a ser de parquet. Y dos puertas de madera se van a abrir en V. Las paredes blancas. Y música, todo el tiempo tiene que haber música, en todo el edificio tiene que haber música, sino no sería mío. Me acuerdo cuando Javier me mentía con sus proyectos, hijo de puta, si me viera ahora. Falta poco, estación Independencia, tres estaciones, tres estaciones y el mundo va a ser mío. Que buena campera que tiene ese pibe, definitivamente tengo que mandarle un mail a Feli para que me mande algo de su ropa, esa trola diseña demasiado bien. Leche, no me puedo olvidar de la leche. Llegué.

Caminé casi corriendo hasta el banco de Boston de Florida, estaba demasiado ansiosa, había poca gente en la calle, que extraño, seguramente estaban todos preparándose para salir de sus hormigueros como bestias a devorar todo lo que se encuentre a su paso, y haciendo alarde de sus Armani y sus credenciales de identificación. Cerdos ignorantes.

El enorme salón de entrada del Boston me inspiró tranquilidad, las suaves luces del ambiente y el gigante lugar me calmaban, tenía ganas de escuchar algo de ambient, pero ya era tarde, el Dr. Fandiño ya estaba esperándome para pasar a su oficina, tipo pajero, si los hay.

Me senté, me trajo un café, odio el café quemado de las máquinas expendedoras, no le dí ni un sorbo, hice como que lo olvidé. El tipo empezó a hablar de lo difícil que están los contratos y los créditos hoy en día. "Me importa un carajo" - pensaba - "vamos al puto asunto y terminemos con esto de una vez". Lo que pasó en los siguientes treinta segundos está fuera de todo entendimiento lógico: mi viejo estaba endeudado hasta las pelotas y a punto de morir, y por ser hija única toda esa deuda iba a pasar a mis manos automáticamente, no iba a haber crédito, y si lo había, iba a ser para pagar la deuda. Hijo de puta, me volviste a cagar la vida. Sentí nauseas, mi cuerpo perdió toda fuerza y me desplomé en el sillón, un calor subió por todo mi cuerpo y recuerdo haber pensado "cagué" antes de desmayarme.

Cuando abrí mis ojos un médico estaba preguntándome como me llamaba, "deseo no tener nombre" - le respondí. Habían pasado dos horas desde la noticia y todavía estaba sentada en ese horrible lugar. Bolsón en primavera. Dulces. Cabañas. Lagos. Esto no está pasando, esto no existe. En cualquier momento voy a despertarme en una cabaña del bolsón, la que alquilé, la que tiene una cama enorme para mí sola, la que se ilumina con las hornallas. Nada. No era ningún sueño. No quería volver a ver todas esas caras de preocupación falsas que se encontraban a mi alrededor. Me despedí y caminé, caminé toda la tarde, me senté en un banco de la plaza San Martín y un océano salió de mis ojos. El sol no estaba, las nubes negras amenazaban con ayudarme en mi llanto. Esto no puede estar pasando.

vidrio_lluvia.jpgUn fuerte viento comenzó a soplar, le rogué que se lleve mi alma con él, no me gusta la lluvia, la odio, me levanté y emprendí la marcha hacia el subte, mi cara estaba hecha un desastre, no sentía mis pies, estaba flotando, y dos cuadras antes de llegar, me sorprendió la tormenta, odio la lluvia, me resguardé debajo de un techo en la calle Florida y allí me quedé un largo rato, miré entre lágrimas a mi alrededor, como si la solución estuviera a un paso, que mierda iba a hacer ahora de mi vida ?. Otra vez esa campera, en el medio de la peatonal, como si hubiera una Luna radiante, que está mirando? ese pibe está enfermo, parece recién salido de una pileta de natación, pero con ropa.

No aguanto más, quiero irme a mi casa, quiero bañarme, dormir, dormir y nunca despertarme. Nunca más. Corro y me apresuro a subir al subte, ya estaba a punto de irse. Bolivar, Belgrano, Independencia, "ojala descarrilemos" - pensé. Casi, el hijo de puta se murió a mitad del túnel, "todo a la mierda, solo falta que a alguien se le ocurra morirse al lado mío y tenga que ir a declarar". Quiero irme a mi casa, quiero desaparecer. Media hora esperando al pedo, hay que bajarse de este tren de mierda, me apuro a bajar por esa escalerita que pareciera que la hizo un ciego a mano, hijos de puta, voy a quejarme apenas llegue al puto andén.

El camino no se termina más, este lugar me aterra, parece salido de una mala película, trato de no resbalarme por las baldosas rotas, mierda, es complicado caminar por acá, y yo con tacos. Trato de mirar hacia adelante, lo único que me falta en este momento es tropezarme con alguien, caer y romperme la cabeza. No estaría mal en este momento. Otra vez el de la campera, empapado de pies a cabeza, me miraba directo a los ojos con los suyos, increíblemente celestes, como si nunca hubiera llovido, aunque algo no andaba bien en esa mirada.

-"disculpame, los baños me dijiste que estaban por acá ?" - dijo vergonzosamente, me arrancó una sonrisa y durante todo el camino me estuvo dando charla, me cayó bien.

Cuando llegamos al anden recordé - "tengo que comprar leche" giré por la primer escalera que ví, pero cuando me quise dar cuenta el chico de la campera no estaba más ahí, volví por donde vine y lo ví entrando en la escalera mecánica, me apresuré para llegar hasta a el, nunca notó que corrí para alcanzarlo. No sabía como volver a casa, le pregunté como podía hacerlo, ibamos para el mismo lado, dijo que se llamaba Marcos.

El túnel

Llovía, llovía como pocas veces ha llovido en Buenos Aires, a mi me había tocado quedarme un rato más en el trabajo, pero finalmente me pude liberar, y cuando lo hice, la lluvia me aprisionó en el esplendor de su furia. Ya no importaba.

El viento golpeaba fuerte y me encontraba empapado, mi ropa, mi cuerpo, mi cara, pero no mi alma, ella se encontraba tan seca como una soleada tarde de verano. Caminé durante mucho tiempo, Alem, Tucumán, San Martín, Florida, la gente corría, gritaba y se resguardaba bajo los tristes techos de los distintos locales, yo, caminaba por el medio, estaba devastado, hacía tiempo.

La lluvia golpeaba aún con mas fuerza, me imaginé solo, en el medio del océano, sin nadie mas que yo, flotando en la nada, solo la Luna y yo. Y hundirme, hundirme tan profundo que la oscuridad sea absoluta, poder estar solo con mis pensamientos, poder ser uno con la nada.

Frené, miré al cielo, millones y millones de gotas tibias golpeaban mi cara con fuerza, en ellas se reflejaban las luces de la ciudad, burlándose, el ser humano no puede hacer nada en contra de la naturaleza, asentí. El agua recorría mi cuerpo, una nube de vapor se elevaba, y con ella, mi esencia. Nada podía detenerlo, nadie podía detenerlo.

Una ultima ola y un sonido lejano rompieron mi ritual, mi masoquismo, un policía gritaba desde la Legislatura "pibe, te vas a engripar!". Deseé que la lluvia se convierta en ácido y me derrita, desaparecer, ser uno con la nada.

Me dirigí hacia la boca del subte y mientras bajaba me crucé con un par de personas a quienes les comenté sarcásticamente "mire que está garuando finito eh!". Luego de algunas bromas de parte del cajero que me dió mi pasaje, descendí hasta el estomago de la bestia amarilla, bufaba, un horrendo y húmedo calor salía desde sus entrañas, había merendado bien. Entré en el primer vagón y me ubiqué en el primer asiento que encontré, todavía chapoteando en mi ropa y zapatillas.

La bestia rugió y emprendimos viaje, ya era tarde, pero había mucha gente, y todos me miraban extraño, como si fuera de otro planeta por estar mojado a causa de una simple lluvia. Belgrano, Independencia,"ojalá descarrilemos" - pensaba mientras me estaba quedando dormido. Casi. Antes de llegar a San José, la bestia comenzó a quejarse, tenía indigestión, murió, y quedamos a la mitad del túnel. Tarde quince minutos en darme cuenta de que estaba en la realidad y no había caído en el mundo de los sueños, miraba a mi alrededor y me preguntaba si en algún momento las paredes o el techo irían a ceder para darle paso a la enérgica tormenta que se desarrollaba en el exterior. Nada pasó. Veinte minutos más tarde, el dueño de la bestia se excusaba e intentaba revivirla, no hubo caso, pidió ayuda, era en vano. Finalmente asumieron la responsabilidad, deberíamos caminar por el túnel hasta la próxima estación.

Una a una, las personas fueron bajando por una pequeña escalera, observé desde otra puerta durante unos segundos, una larga fila de personas caminaba nerviosamente por las baldosas destruidas del túnel, algunos reían por lo insólito de la situación, yo simplemente salté, era más fácil que esperar.

El túnel era de concreto puro, oscuro, con una fila de tubos de tenue luz a un lado, cataratas de agua descendían por las paredes que terminaban en pequeños montones de carbón, para luego darle lugar a las vías del tren, y, a un costado, las baldosas. Un eco de ultratumba resonaba por todo el lugar, la gente caminaba en silencio, la bestia, muerta detrás nuestro. No era el océano, no era ácido, pero era la nada, y la estaba recorriendo con unas ciento cincuenta personas más, lamento no haber estado solo, o no.

subte1.jpg

Habríamos recorrido algo parecido a dos cuadras, el anden todavía no era visible, cuando decidí que era momento de mirar hacia atrás. El túnel se iluminó con una luz mas clara que la del día mismo, solo que tenía ojos verdes y su pelo era castaño. Vestía de oficina, pero algo me decía que no era tan simple como cuatro paredes. Noté que estaba tardando más de lo normal en mirar tal espectáculo, así que improvisé el chiste mas idiota que se me vino a la cabeza "disculpame, los baños me dijiste que estaban por acá ?", se rió, pero pude notar que el miedo se había apoderado de ella hacía largo rato. Durante el ultimo tramo que hubo hasta el anden, traté de hacerle pensar en otras cosas, con ese tipo de chistes idiotas, hasta que subimos la pequeña escalera del anden y sin darme cuenta, no la seguí, sino que me dirigí hacia la escalera mecánica, ella parecía haber tomado la fija.

Mientras miraba sin pensar demasiado los dientes de la escalera mecánica, noté una presencia detrás mio, era ella, "al menos las escaleras mecánicas funcionan!" - me burlé, volvió a reír. Me preguntó como podía llegar hasta Puán, le dije que yo también iba para ese lado. Sofía dijo que era su nombre.

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