El túnel

Llovía, llovía como pocas veces ha llovido en Buenos Aires, a mi me había tocado quedarme un rato más en el trabajo, pero finalmente me pude liberar, y cuando lo hice, la lluvia me aprisionó en el esplendor de su furia. Ya no importaba.

El viento golpeaba fuerte y me encontraba empapado, mi ropa, mi cuerpo, mi cara, pero no mi alma, ella se encontraba tan seca como una soleada tarde de verano. Caminé durante mucho tiempo, Alem, Tucumán, San Martín, Florida, la gente corría, gritaba y se resguardaba bajo los tristes techos de los distintos locales, yo, caminaba por el medio, estaba devastado, hacía tiempo.

La lluvia golpeaba aún con mas fuerza, me imaginé solo, en el medio del océano, sin nadie mas que yo, flotando en la nada, solo la Luna y yo. Y hundirme, hundirme tan profundo que la oscuridad sea absoluta, poder estar solo con mis pensamientos, poder ser uno con la nada.

Frené, miré al cielo, millones y millones de gotas tibias golpeaban mi cara con fuerza, en ellas se reflejaban las luces de la ciudad, burlándose, el ser humano no puede hacer nada en contra de la naturaleza, asentí. El agua recorría mi cuerpo, una nube de vapor se elevaba, y con ella, mi esencia. Nada podía detenerlo, nadie podía detenerlo.

Una ultima ola y un sonido lejano rompieron mi ritual, mi masoquismo, un policía gritaba desde la Legislatura “pibe, te vas a engripar!“. Deseé que la lluvia se convierta en ácido y me derrita, desaparecer, ser uno con la nada.

Me dirigí hacia la boca del subte y mientras bajaba me crucé con un par de personas a quienes les comenté sarcásticamente “mire que está garuando finito eh!“. Luego de algunas bromas de parte del cajero que me dió mi pasaje, descendí hasta el estomago de la bestia amarilla, bufaba, un horrendo y húmedo calor salía desde sus entrañas, había merendado bien. Entré en el primer vagón y me ubiqué en el primer asiento que encontré, todavía chapoteando en mi ropa y zapatillas.

La bestia rugió y emprendimos viaje, ya era tarde, pero había mucha gente, y todos me miraban extraño, como si fuera de otro planeta por estar mojado a causa de una simple lluvia. Belgrano, Independencia,”ojalá descarrilemos” – pensaba mientras me estaba quedando dormido. Casi. Antes de llegar a San José, la bestia comenzó a quejarse, tenía indigestión, murió, y quedamos a la mitad del túnel. Tarde quince minutos en darme cuenta de que estaba en la realidad y no había caído en el mundo de los sueños, miraba a mi alrededor y me preguntaba si en algún momento las paredes o el techo irían a ceder para darle paso a la enérgica tormenta que se desarrollaba en el exterior. Nada pasó. Veinte minutos más tarde, el dueño de la bestia se excusaba e intentaba revivirla, no hubo caso, pidió ayuda, era en vano. Finalmente asumieron la responsabilidad, deberíamos caminar por el túnel hasta la próxima estación.

Una a una, las personas fueron bajando por una pequeña escalera, observé desde otra puerta durante unos segundos, una larga fila de personas caminaba nerviosamente por las baldosas destruidas del túnel, algunos reían por lo insólito de la situación, yo simplemente salté, era más fácil que esperar.

El túnel era de concreto puro, oscuro, con una fila de tubos de tenue luz a un lado, cataratas de agua descendían por las paredes que terminaban en pequeños montones de carbón, para luego darle lugar a las vías del tren, y, a un costado, las baldosas. Un eco de ultratumba resonaba por todo el lugar, la gente caminaba en silencio, la bestia, muerta detrás nuestro. No era el océano, no era ácido, pero era la nada, y la estaba recorriendo con unas ciento cincuenta personas más, lamento no haber estado solo, o no.

subte1.jpg

Habríamos recorrido algo parecido a dos cuadras, el anden todavía no era visible, cuando decidí que era momento de mirar hacia atrás. El túnel se iluminó con una luz mas clara que la del día mismo, solo que tenía ojos verdes y su pelo era castaño. Vestía de oficina, pero algo me decía que no era tan simple como cuatro paredes. Noté que estaba tardando más de lo normal en mirar tal espectáculo, así que improvisé el chiste mas idiota que se me vino a la cabeza “disculpame, los baños me dijiste que estaban por acá ?“, se rió, pero pude notar que el miedo se había apoderado de ella hacía largo rato. Durante el ultimo tramo que hubo hasta el anden, traté de hacerle pensar en otras cosas, con ese tipo de chistes idiotas, hasta que subimos la pequeña escalera del anden y sin darme cuenta, no la seguí, sino que me dirigí hacia la escalera mecánica, ella parecía haber tomado la fija.

Mientras miraba sin pensar demasiado los dientes de la escalera mecánica, noté una presencia detrás mio, era ella, “al menos las escaleras mecánicas funcionan!” – me burlé, volvió a reír. Me preguntó como podía llegar hasta Puán, le dije que yo también iba para ese lado. Sofía dijo que era su nombre.

No hay Trackbacks

You can leave a trackback using this URL: http://www.documentandolavida.com.ar/2007/04/18/lluvia-y-superpoblacion-de-paraguas-ii/trackback/

4 Comentarios

  1. Parece que “a mal tiempo buena cara” valió la pena :)

    Comentado abril 18, 2007 a las 12:38 pm | Permalink
  2. Sí, sí, pero… ¿cómo terminó el asunto? Contá, guacho sádico. No nos dejés con la intriga.

    Comentado abril 18, 2007 a las 5:10 pm | Permalink
  3. Pobre Sofia, le paso de todo, entre que le le para el subte se cruza con vos :P

    Muy buena redaccion, sigo leyendo los posts

    y yo siempre quise estar en el tunel camnianando, solo nose, estaria bueno, me gustaria ver las ratas tambien…

    NeO23666
    Andres

    Comentado abril 21, 2007 a las 1:39 am | Permalink
  4. Sublime relato.
    Leerlo escuchando “El Rito” de Cerati con la Sinfónica es un placer.
    Muy bueno, muy bueno!

    Comentado noviembre 7, 2007 a las 12:18 pm | Permalink

Escribe un Comentario

Tu e-mail nunca será compartido. Los campos requeridos están marcados *

*
*