Sofía
Soy una persona solitaria, nunca me gustó la compañía durante demasiado tiempo y logré poner eso en practica cuando estuve dos años sacandole fotos a todo lo que encontraba por las calles de París. Así fue como junte la plata para comprar mi departamento en Caballito, bastante cerca de la linea E. Tengo al mundo a mis pies, o eso es lo que siempre me dijeron los pocos novios que tuve. Nunca me gustó el compromiso, lo considero un estorbo en mi camino, mis objetivos están mucho mas allá que eso, tal vez un día, sí, pero no ahora.
Un fuerte desayuno, café, jugo de naranja, algunas tostadas con queso. Una ducha. Me visto, salgo. Había un sol radiante, me encantan esos días, nada puede salir mal. Saludo a Germán y le compro un paquete de cigarrillos, se encontraba extraño, otra vez se habrá peleado con la mujer, pobre cornudo.
Mientras me dirigía a la estación Mitre podía sentir los tibios rayos del sol en mi espalda, era reconfortante sentir que estoy viva, no entiendo como la gente no se da cuenta de que por sus venas corre sangre, que se jodan, el peor error cuando uno está vivo es no vivir. Encendí mi reproductor de música, el random cayó en Artaud, en ese momento me encontraba lo suficientemente tranquila como para escucharlo, así que lo dejé. Encendí un cigarrillo y lo disfruté. Llegué a la estación, mi subtecard estaba cargada, así que pasé rápido por el molinete. El no tener un horario fijo ni tener que saldarle cuentas a nadie me deja esa libertad, el subte iba a venir vacío, apenas eran las once de la mañana. Ojeo la revista que me regaló ayer Luciana, en ella lo primero que encuentro es “… pintarse las uñas hace bien …”, andá a cagar, cuanta basura que hay dando vueltas, y lo peor es que las pendejas se lo creen, tal vez debería haber seguido marketing, me llenaba de guita, por lo pronto nunca más voy a aceptar nada de Luly.
La llegada del subte me interrumpe, estaba vacío, me acomodo en mi lugar favorito, el segundo vagón, primer asiento de uno, en donde el aire corre libremente. Arranca. Comienzo a soñar despierta.
Mi empresa, mi empresa, mi propio estudio, mis propias reglas, falta poco, solo unos cuantos ajustes de tuerca más. Hace 2 años que estoy dando vueltas, el tiempo no pasa, las ansias me ganan, hoy es el día. No entiendo, dijeron que iba a ser rápido. No sirvo para esperar, pero hoy es el día. El sonido del subte parece el de una fiambrera en pleno trabajo, nunca lo había notado, me relaja. Que será de la vida de Feli? seguirá en España? hace mucho que no se nada de ella, tendría que mandarle un mail. Leche. Tengo que comprar leche cuando vuelva, si no mañana voy a ponerme neurótica. Y la oficina sería enorme, con sillones por todos lados, cuadros gigantes colgados en las paredes, y un ventanal que vaya de punta a punta, mirando al río, cuanto más alto el piso, mejor. Una pantalla que vaya pasando fotos y videos constantemente, eso quedaría bien. Mucha luz, pisos de madera, parquet, sí, van a ser de parquet. Y dos puertas de madera se van a abrir en V. Las paredes blancas. Y música, todo el tiempo tiene que haber música, en todo el edificio tiene que haber música, sino no sería mío. Me acuerdo cuando Javier me mentía con sus proyectos, hijo de puta, si me viera ahora. Falta poco, estación Independencia, tres estaciones, tres estaciones y el mundo va a ser mío. Que buena campera que tiene ese pibe, definitivamente tengo que mandarle un mail a Feli para que me mande algo de su ropa, esa trola diseña demasiado bien. Leche, no me puedo olvidar de la leche. Llegué.
Caminé casi corriendo hasta el banco de Boston de Florida, estaba demasiado ansiosa, había poca gente en la calle, que extraño, seguramente estaban todos preparándose para salir de sus hormigueros como bestias a devorar todo lo que se encuentre a su paso, y haciendo alarde de sus Armani y sus credenciales de identificación. Cerdos ignorantes.
El enorme salón de entrada del Boston me inspiró tranquilidad, las suaves luces del ambiente y el gigante lugar me calmaban, tenía ganas de escuchar algo de ambient, pero ya era tarde, el Dr. Fandiño ya estaba esperándome para pasar a su oficina, tipo pajero, si los hay.
Me senté, me trajo un café, odio el café quemado de las máquinas expendedoras, no le dí ni un sorbo, hice como que lo olvidé. El tipo empezó a hablar de lo difícil que están los contratos y los créditos hoy en día. “Me importa un carajo” - pensaba - “vamos al puto asunto y terminemos con esto de una vez“. Lo que pasó en los siguientes treinta segundos está fuera de todo entendimiento lógico: mi viejo estaba endeudado hasta las pelotas y a punto de morir, y por ser hija única toda esa deuda iba a pasar a mis manos automáticamente, no iba a haber crédito, y si lo había, iba a ser para pagar la deuda. Hijo de puta, me volviste a cagar la vida. Sentí nauseas, mi cuerpo perdió toda fuerza y me desplomé en el sillón, un calor subió por todo mi cuerpo y recuerdo haber pensado “cagué” antes de desmayarme.
Cuando abrí mis ojos un médico estaba preguntándome como me llamaba, “deseo no tener nombre” - le respondí. Habían pasado dos horas desde la noticia y todavía estaba sentada en ese horrible lugar. Bolsón en primavera. Dulces. Cabañas. Lagos. Esto no está pasando, esto no existe. En cualquier momento voy a despertarme en una cabaña del bolsón, la que alquilé, la que tiene una cama enorme para mí sola, la que se ilumina con las hornallas. Nada. No era ningún sueño. No quería volver a ver todas esas caras de preocupación falsas que se encontraban a mi alrededor. Me despedí y caminé, caminé toda la tarde, me senté en un banco de la plaza San Martín y un océano salió de mis ojos. El sol no estaba, las nubes negras amenazaban con ayudarme en mi llanto. Esto no puede estar pasando.
Un fuerte viento comenzó a soplar, le rogué que se lleve mi alma con él, no me gusta la lluvia, la odio, me levanté y emprendí la marcha hacia el subte, mi cara estaba hecha un desastre, no sentía mis pies, estaba flotando, y dos cuadras antes de llegar, me sorprendió la tormenta, odio la lluvia, me resguardé debajo de un techo en la calle Florida y allí me quedé un largo rato, miré entre lágrimas a mi alrededor, como si la solución estuviera a un paso, que mierda iba a hacer ahora de mi vida ?. Otra vez esa campera, en el medio de la peatonal, como si hubiera una Luna radiante, que está mirando? ese pibe está enfermo, parece recién salido de una pileta de natación, pero con ropa.
No aguanto más, quiero irme a mi casa, quiero bañarme, dormir, dormir y nunca despertarme. Nunca más. Corro y me apresuro a subir al subte, ya estaba a punto de irse. Bolivar, Belgrano, Independencia, “ojala descarrilemos” - pensé. Casi, el hijo de puta se murió a mitad del túnel, “todo a la mierda, solo falta que a alguien se le ocurra morirse al lado mío y tenga que ir a declarar“. Quiero irme a mi casa, quiero desaparecer. Media hora esperando al pedo, hay que bajarse de este tren de mierda, me apuro a bajar por esa escalerita que pareciera que la hizo un ciego a mano, hijos de puta, voy a quejarme apenas llegue al puto andén.
El camino no se termina más, este lugar me aterra, parece salido de una mala película, trato de no resbalarme por las baldosas rotas, mierda, es complicado caminar por acá, y yo con tacos. Trato de mirar hacia adelante, lo único que me falta en este momento es tropezarme con alguien, caer y romperme la cabeza. No estaría mal en este momento. Otra vez el de la campera, empapado de pies a cabeza, me miraba directo a los ojos con los suyos, increíblemente celestes, como si nunca hubiera llovido, aunque algo no andaba bien en esa mirada.
-”disculpame, los baños me dijiste que estaban por acá ?” - dijo vergonzosamente, me arrancó una sonrisa y durante todo el camino me estuvo dando charla, me cayó bien.
Cuando llegamos al anden recordé - “tengo que comprar leche” giré por la primer escalera que ví, pero cuando me quise dar cuenta el chico de la campera no estaba más ahí, volví por donde vine y lo ví entrando en la escalera mecánica, me apresuré para llegar hasta a el, nunca notó que corrí para alcanzarlo. No sabía como volver a casa, le pregunté como podía hacerlo, ibamos para el mismo lado, dijo que se llamaba Marcos.
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Che Marcos
“…el peor error cuando uno está vivo es no vivir” Se me esta repitiendo en la cabeza a razon de 10.0Ghz bati la velocidad de un procesador…
Eso lo escribio Sofia o vos tambien sos Sofia y estas haciendo una historia, pero bue.
Ahora que lo recuerdo cuando eras chico estabas con una cartera vomitando por lo que me contaste porque habias probado una hierba o algo asi, capaz que te quedo grabado ese momento y ahora decidis llamarte Sofia… Bue, capaz que conseguir un buen trabajo, eso si, te vas a romper en culo trabajando (estoy tomando pinia colada)
NeO23666
Andres
PD: sigo leyendo los post, espero que no seas Sofia
Comentario por NeO23666 — Abril 21, 2007 #
Jajaja no me hagas recordar epocas raras! y sí, Sofía soy yo y escribo lo que se me viene a la mente nomás.
Prontamente habrán otros personajes.
Comentario por Pablo Fabregat — Abril 26, 2007 #
entre por casualidad! esta muy buena! y en verdad es lo q aveces me sucede a mi q soy sofia jaja.
no estaras contando mi historia? jaja. hasta conoci un marcos q me gustaba hace tiempo. jeje.
espero seguir leyendo tus historias pronto
Comentario por sofia — Mayo 11, 2007 #