
Y ahí subo. Pero quien soy yo sino un ínfimo punto en el universo?. Pero es un universo el que está en mi cabeza. Yo soy yo y mi existencia significa un movimiento en la existencia de este universo, pequeños pasos que modifican de manera enorme todo lo que me rodea. Ellos a veces no se dan cuenta de quienes somos, están demasiados sumergidos en la rutina como para notarlo, pero claro, son sus vidas, y yo aquí, subiendo.
Hasta hace un tiempo me encontraba inerte, todo se derrumbaba ante mi, y yo, firme, pero sin atacar ni defenderme, pero todo tiene su limite, y todo acto tiene su consecuencia.
“Hola, soy la consecuencia” – sentí muy suavemente en mi oído, y mis dedos estallaron en la ira misma de todo mi ser y dos mil palabras salieron de ellos, atacando, sin tener piedad, como cuando no tenían piedad conmigo. Me movilicé por medio capital entablando batallas con cualquiera que me haya lastimado alguna vez, perdonar es divino, dicen, pero yo no perdono ni olvido.
Así fue como, sin rencores, uno a uno, los pilares de ese caballo de troya fueron cayendo, hasta que quedaron solo astillas, y fui condecorado, y levantaron monumentos en mi honor, pero acaso fue suficiente? por supuesto que no.
La noche ha caído en este día tan húmedo que podría deslizarme de cuadra en cuadra con solo un empujón, y la luna en lo alto, amenazante, haciendo doler los forúnculos de mi alma y chistando una y otra vez que hoy no lloverá para lavarme. Así fue como llegó ese cacharro metálico, verdadero transporte de vacas, y me llevó hasta los rincones mas oscuros de mi mente, allí me encontré con mi perdida amiga, la seguridad, ella estaba siendo devorada por una serpiente llamada paranoia, y, esta noche, decidí matarla, pero no sin antes hacerle saber que todas sus compañeras iban a caer, una a una.
“Esto no ha terminado” – grité desde ese rincón tan oscuro que hasta un ciego se sentiría perdido, corrí con toda la fuerza del imperio romano en su mayor éxtasis, sin mirar hacia atrás, y allí llegué hasta la puerta de mis ojos, y vi que había llegado a mi hogar, y lo que me encontré me dejó estupefacto: un espejo. El horror recorrió mis venas durante unos segundos, pero al instante comprendí todo, este soy yo, y esto es lo que me rodea, soy el que lo modifica, y no lo hará solo, no mas esperas, no mas ansiedades, solo hechos y un mundo que me envuelve, sentirá mucho miedo cuando se entere que he despertado de un largo letargo.
El simulacro de vida ha concluido, y el cansancio que destruye cualquier acto por llevarse a cabo, ha vencido, esta vez. Pero hoy lo tiene permitido porque me ha dejado ver la luz que me espera al final de las escaleras.