Santuarios
He logrado hilar algo que siento desde que tengo memoria, y es esa susceptibilidad que tiene uno cuando se despierta de un sueño profundo y soñó con algo lindo y lo recuerda.
La primera acción que ejecutamos es la que determina nuestro humor para el resto del día. Normalmente me despierto con ganas de abrazar a alguien, pero, oh, wait, no hay nadie para abrazar aquí y mi almohada que se queja porque la estoy ahogando. La amargura y nostalgia de que alguna vez hubo alguien para abrazar me persiguen durante un rato largo, hasta que veo que mi hermanito mayor está conectado y me envía unas palabras de animo, y allí recuerdo(porque también cuando uno se levanta tiene la memoria apagada y no es a propósito) que hay mucha gente para abrazar, pero están lejos, reconfortante entra por la ventilación y se mete por las puntas de mis pies subiendo a toda marcha.
Pero tampoco es esa personita sin nombre ni identidad, esa persona indicada que no tiene rostro y se aparece una y otra vez en mis sueños dándome un abrazo y diciéndome que me quiere. Y rápidamente se me viene a la mente Freud contándome acerca de los deseos incumplidos, oh si, desesperado grito de soledad.
No alcanzan las palabras para describir lo que se siente el primer abrir y cerrar de ojos después de una siesta larga, sobre todo si fuera del perímetro de la cama hace frío, tibio, sí, y el cuerpo se encuentra suavemente entumecido por el placer que encontró al relajarse y hacer que la mente se pierda en otros mundos, en donde miro hacia arriba y encuentro platillos voladores, y un abrazo Edgar que no tiene nombre.
Y la conocí a Sofía…
Mi trabajo es algo complicado, ni siquiera se como denominarlo, ¿programador?, ¿desarrollador de sistemas?, ¿dios?, se dio la casualidad de que es lo que me gusta hacer desde los siete años y es el mercado que más plata deja hoy en día, la información como poder, no sé si el día de mañana va a seguir gustándome, pero hoy es lo que me da de comer. El ambiente es bastante agradable, el sueldo es relativamente bueno y mis compañeros son amigables, y, como todo trabajo, tiene sus contratiempos, a veces no alcanza la jornada para cubrir las necesidades y debo hacer muchas horas extras, hay gente a la que no le conviene que los proyectos avancen y entonces es cuando me encuentro con grandes obstáculos en el camino, por suerte mi mente es lo suficientemente retorcida como para sostener que la lógica es mi pasión. Mi sillón es cómodo, siempre hay música de fondo(sería todo muy difícil si no fuera así) y la maquina de café lista para llenar mi estomago de ese oro negro.
Dos semanas seguidas de trabajo sin parar un solo segundo me habían dejado exhausto, ese viernes no veía la hora de salir corriendo a caminar por Florida para tomar el subte, música, sí, mi reproductor estaba repleto de música y ansioso a ser encendido para llenar mi mente de dulces melodías. Las seis, adiós, buen fin de semana, peatonal, gente apurada, me importa un carajo, ya no existo. Estación Belgrano para volver a Bolivar y viajar sentado hasta Mitre, hace mucho que no bajo en plaza de los Virreyes, mi santuario ahora se encontraba en otro lado.
El departamento de Sofía me hace sentir seguro, como si estuviera en casa, debe ser por las tenues luces, o tal vez por los colores oscuros que no llegan a ser apagados. En el comedor hay una larga hilera de fotos encuadradas de París, excelentes ángulos y colores, una mesa de madera, cuadrada y negra, con sus respectivas cuatro sillas, es lo único alto en esa parte de la casa, hay pequeños sillones que no llegan a la rodilla y una mesa ratona de las mismas características. Todo se encuentra armoniosamente colocado, el vivo reflejo de su personalidad.
Esa noche cociné yo, por alguna razón me entraron ganas de incursionar en ese mundo desde que la conozco, quiero que ella se sienta bien a mi lado, y de paso practico para cuando sea mi turno para vivir solo. Ella salió de ducharse y cenamos, me contó que había visitado a Malena en su laburo para sacar unas fotos a sus pacientes, tenía el rollo completo y listo para ser revelado.
Vimos una película de ciencia ficción que hablaba sobre el universo, es un tema que siempre me interesó, las posibilidades son infinitas y mi imaginación es lo suficientemente extensa para imaginar cada una de ellas.
Luego de lavar los platos y tomar un merecido café después de tan larga jornada, hicimos el amor, soy yo mismo, y eso es una de las mejores cosas que me pasó con ella, lejos del mundo, lejos de todo, y apenas van tres meses de conocerla. Nos quedamos charlando sobre la película mientras fumábamos. Me dejó pensando, se preguntaba como sería la concepción de la vida en otros universos, una piedra podría estar viva, cualquier pedazo de algo inerte podría ser vida, un muerto podría estar vivo y un vivo, muerto, las leyes de la física completamente quebradas y pisoteadas. Nos quedamos dormidos.
El universo, vasto, tan enormemente vasto que no alcanzaría toda la vida de una persona para imaginarse ni una milésima de lo inmenso que es. El cielo guarda una incontable cantidad de estrellas, y cada una de ellas es espectadora de distintos planetas, cuanta vida debe haber allí, ¿es que acaso seremos el único planeta que se pregunta por el resto?. Cuatro paredes blancas, yo, y nada más que eso, suspendidos en el vacío, pero, ¿de que está compuesto el vacío si no es por más vacío ? la nada no existe, algo debe haber ahí. Solo con mi soledad grité y lloré, esperando una respuesta, alguien que me salve, nadie escuchó, no tenía sentido seguir allí, debía partir.
Desperté, Sofía, tranquilamente dormida, me inundaba con su majestuosa presencia, ahí lo decidí, me acerqué a su oído y muy suavemente le susurré “te amo“.
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Lo bueno de éstas cosas es que uno le pone a Sofia el nombre que más le gusta (o que más “pega” con la situación personal), y las cosas cambian… y quedan cerca de como uno quiere… a veces…
Increíble Fabregat… increíble…
Comentario por Milton! — Mayo 14, 2007 #