Un día mas, un día menos

Comprar ropa. Que extraño y lejano me suena esa acción.

El aire que subía por las escaleras de la estación Loria estaba impregnado con el típico olor del aceite que se usan en los subtes. La vendedora de boletos estaba sentada sobre su enorme culo, limandose las uñas, y señalando a cada pasajero que pasen por el costado de los molinetes, a modo de protesta contra la empresa. Aunque en ese momento los únicos pasajeros eran mi propio morral y yo. El andén se encontraba completamente vacío, como siempre, me dirigí hasta el principio del mismo, como para subir al primer vagón.

Un parlante cortaba el silencio de esa esquina con un suave sonido eléctrico y entrecortado, inundando todas las paredes de cerámica blanca bordeadas con pequeños trozos naranja y las columnas descoloridas, algunas grises, otras negras, otras, naranja. Los cables colgaban del techo y evidenciaban el poco cuidado de las estaciones de subte.

Me miré al espejo que se encuentra en la esquina superior del anden, que le permite al conductor del subte ver si los pasajeros terminaron de subir. No encontré reflejo, solo andamios corroídos por el oxido y un lejano ruido de colectivos y autos. El semáforo, un poco más abajo, emitía una tenue luz verde que imploraba la calma de quien lo observara, detrás de él podía verse un extenso túnel, tan solitario como el puesto de diarios cerrado que se encontraba en el extremo opuesto del andén, en donde, al mismo tiempo, una suave brisa traía consigo un ligero perfume a orquídeas.

En esa dirección, entre el cartel sucio de papel que confirmaba que estábamos en la estación Loria y un enorme cilindro de cable naranja, una pareja discutía discretamente. Mientras ella se arreglaba el pelo, el se abalanzaba hacia adelante y hacía gestos con sus manos tratando de exponer algún punto, aunque, por la expresión de la cara de ella, sin demasiado éxito. Un subte del otro lado llegó rechinando, bufando y protestando con sus más de cien años de vida, frenó y suspiró, y yo salí de mi trance, recordé por que estaba ahí y noté que mi transporte estaba tardando más de lo usual. Inspeccioné las vías, rodeadas de carbón humedecido con ese horrible aceite, los números en ella que habrán visto más de un millón de historias, serenos. De nada servía, allí no estaba el tren, tampoco Sofía.

La nostalgia me invadió, ¿que seguía ahora?, hacía unos años era todo tan simple, las responsabilidades estaban determinadas por instituciones como el secundario y mi única preocupación era planear el fin de semana, no existían los analisis sobre lo mal que funciona esta sociedad, o al menos no me afectaba, esa situación llamada vida era algo totalmente externo, el tiempo no presionaba mi pecho y armarme de paciencia era una acción fácil de llevar a cabo. Hoy es lo exactamente opuesto, llevándome a actuar sin pensar, la mayoría de las veces, y afrontando consecuencias que pueden modificar el curso de mi camino. Suelo reusarme a hacerme algún problema al respecto, pero es que simplemente no puedo más que quedarme rígido y soñar con un arrebato de lucidez.

El subte llegó, la pareja ya no discutía y subían al tren, mi vagón iba completo, pero no iba a impedir que viaje a mi destino.

Agarrado de una de las manijas, observaba a un tipo, vestido de negro y con un corte que rozaba lo militar, leyendo un comic basado en una historia de Shakespeare. A su derecha, dos estudiantes de medicina hablaban sobre tripas y desmembramiento, me hicieron sentir nauseas, así que intenté moverme un poco más al fondo, hasta que el ruido del movimiento tapara esas horribles historias. No me costó demasiado, y desde ahí pude ver a una mujer, de unos treinta y largos años, espiando el comic de Shakespeare, hasta que se decidió y le pregunto a este hombre si era, efectivamente, un comic basado en una historia de Shakespeare.
-- respondió confuso, mientras el subte había frenado y la mujer estaba bajandose.
-¿Camelot?
-No, otro lugar parecido.
-¿Me lo mostrás?
Pareciera que el tipo escuchó otra cosa, como ¿me lo prestás?, porque su respuesta, casi indignada, fue -Disculpá, pero me costó mucho conseguirlo - mientras lo guardaba en su mochila.

La mujer de pelos electrizados, remera blanca y jeans apretados que dejaban ver una horrible desproporción en sus piernas, se quedó entre estupefacta y confundida, al mismo tiempo que el tren emprendía su marcha de nuevo. Que fácil pueden crearse los malentendidos y cambiar toda una situación, que, de haberse dado de manera correcta, hubiera podido terminar en, ¿quien sabe?, casamiento, tal vez. Pero en su lugar, estas dos personas habrán terminado ligeramente ofendidas y no fue más que un pequeño contratiempo de la vida diaria. Evidentemente, para algunos es más fácil seguir esquematizados en una rutina, cegados ante ella y rechazando cualquier factor que pueda modificarla, como por ejemplo engañar a nuestros oídos con tal de escuchar lo que nuestro deseo de rechazo crea necesario para continuar dentro de ella. Como los caballos a los que se les pone anteojeras, solo para que miren hacia adelante.

Un mensaje llegó a mi celular: hoy no va a poder ser.

Cuando subí en la estación Acoyte, todavía quedaba un poco de luz, así que decidí sentarme un rato en el parque a leer. La insoportable levedad del ser, un libro que lograba desesperarme, pero el factor sorpresa no estaba ya que era la segunda vez que lo leía. Fue imposible, era más tentador mirar al horizonte e indagar a mi mente, que se reusaba a sacar conclusiones, solo premisas y más premisas. El Sol oculto tras una espesa capa de nubes estaba lanzando sus últimos suspiros y solo quedaba una amenazante tormenta, me entregué a mis pensamientos.

El simple hecho de que ella estuvo en Francia durante dos años puliendo su carrera y personalidad, más allá de su propia manera de ser, hacía de Sofía una persona que desencajaba de cualquier grupo de personas que pudiera encontrarse. De vuelta, hace unos pocos años hubiera sido todo tan fácil, hoy, lejos de cualquier doctrina externa más que la mía propia, resulta imposible no intentar proyectar un futuro en donde nos encuentre juntos.

Armarse de paciencia, algo que nunca aprendí a hacer y nunca haré.

La tormenta se hizo presente. Lavé mi cuerpo y alma con una catarata de lluvia, estaban cerrando el parque, así que tuve que partir. En el camino intenté recuperarme y convencerme de que el tiempo hablaría solo, pero creo que ya no sirve de nada intentar engañarme a mi mismo con falsas ilusiones, de todas maneras me rendí ante ellas, una vez más. Supongo que yo también me encuentro encerrado dentro de algún otro tipo de rutina: el pensar en ella.

Y llegué a mi hogar, la ducha me esperaba con ansias y la cama clamaba a gritos mi presencia, no los dejé esperar, y, lentamente, después de un largo baño, logré conciliar el sueño. Un día más, un día menos.

No hay Trackbacks

You can leave a trackback using this URL: http://www.documentandolavida.com.ar/2007/09/10/un-dia-mas-un-dia-menos/trackback/

One Comentario

  1. leonardo

    Hola Pablo:
    De casualidad llegue a tu blog y me parecio interesante la idea de utilizarlo como bitacora.
    Aprovecho este mensaje para hacerte una propuesta; hasta hace poco yo también era usuario regular del Subte y también sufría a diario el tener que viajar apretado, las demoras y otros inconvenientes que ya debes conocer con respecto al servicio.
    A mediados de este mes de Mayo cambio de trabajo y afortunadamente solo utilizare el subte una vez al mes. Te comento que antes del aumento de principios de 2008 cundo el pasaje paso de 0,70 a 0,90 tome la precaución de comprar los subtepass a 0,70 y así ahorrarme bastante dinero teniendo en cuenta que los mismos no tienen fecha de vencimiento también ahorraba tiempo en hacer colas en la boleteria. Lo que te ofrezco si estas interesado son los subtepass a 0,80 c/u puedo ofrecerte hasta 350, en tiempos en los que todos los precios suben, podes ahorrar dinero en un servicio que utilizas a diario. Bueno espero tu respuesta y te agradezco tu tiempo. Suerte.
    lcorradi@gmail.com

    Comentado mayo 4, 2008 a las 1:50 am | Permalink

Escribe un Comentario

Tu e-mail nunca será compartido. Los campos requeridos están marcados *

*
*