Una oscuridad, una luz

Nota al lector: La siguiente historia fue escrita entre Pamela y Marcos en algún bar de Buenos Aires, datando del día 5 de Octubre de 2007. Los textos de Pamela se encuentran en color azul.

Sos una luz que ilumina aquellas noches sin pensar, seguí buscando mi mirada que algún día encontrarás un enigma para descifrar, una noche con la que no puedas soñar.

Y entre tu mirada color cielo encontraré la salvación a todas mis plegarias. Porque esta luna me ha traicionado lo suficiente. Y porque el sol desea iluminar nuestras vidas una vez más, y una melodía nos recordará el sabor de la vida.

La oscuridad se cernió entre los cuatro, pero ella iluminaba al grupo con una luz más brillante que el supernova. Y luego de incontables brebajes mezclados con insaciables melodías, cayeron rendidos ante ella y rogaron por la redención, mientras esta se reía ante tal subordinación y observaba el paso del tiempo.

Y aceptaba la situación, risueña…y disfrutaba sin pensar que una oscuridad reinaba y que sus risas provocaban más luz de la que ella podría soportar.

Y mientras él se perdía entre aquellas melodías, los primeros rayos del día amenazaban con intoxicar el aire con mañana y asesinar a la noche con un brusco golpe y dejarlo con gusto a vacío, algo a lo que ya estaba bastante acostumbrado. Imaginó aquella luz inundándolo y llenando su extenso campo de incertidumbres con verdades con las que soñó toda su vida.

Verdades para las que no estaba preparado.
Porque ella guardaba vacíos más peligrosos de los que él podría imaginar y a los que ella teme… porque nunca los rebelará y porque ella era eso… un enigma para descifrar, solo eso. Unas cuantas noches de luz, que en realidad llevaban a la eterna oscuridad.

Internado en esa misma oscuridad consiguió delucidar apenas un imperceptible vistigio de conciencia. Miró hacia el abismo y descubrió su propio reflejo, reprochando todo lo que no se animó a ser, un día más, un día menos, y la incertibumbre del resto de su vida, cuatro paredes y su alma.

Un alma que quería ser capturada por esa calma solitaria. Y ella seguía riendo y desbordando una inmensidad difícil de dominar.

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