A mi amigo mbrotos.
Giró hacia el sillón y con una expresión desafiante exclamó:
- Que mirás?!
Al mismo tiempo en que su compañera imaginaria sentía toda la culpa del mundo sobre sus hombros y ambos reconocían el error de aquel acto. El conciliaría a su conciencia con fantasías eróticas.
Seguramente luego vendrían las escenas de discusión para llegar a la conclusión de que habiendo dicho las palabras correctas en el momento correcto, su compañera en ese instante no sería imaginaria.
Y al imaginarla de carne y hueso, él caería en la realidad de que esa carne es deseada por otras carnes. Y la paranoia se apoderaría por completo de su ser, haciéndolo sufrir de insomnios y falsos convencimientos de que todo provenía de su cabeza.
Para luego pensar en momentos y situaciones mejores, en donde la oscuridad estaba guardada en cajones separados. Y putear a causa de la destructiva ansiedad de desear que la luz entre confiada una vez más.
Y luego, claro, esos momentos en donde se regalaban palabras y el mundo dejaba de existir, miradas, gestos, costumbres, reír, dormir, despertar, querer, enseñar, aprender, vivir. Sumirse en un nuevo sueño y despertar con la amarga sensación de comenzar un nuevo día en silencio.
Sofía miraba por la ventana del bar a un viejo que intentaba cruzar la calle bajo un diluvio. En otro momento hubiera sacado su camara y habría obtenido un set completo de excelentes fotos, pero hoy era un espacio vacío, algo no encajaba y la sensación de haber elegido el camino incorrecto la venía persiguiendo hacía semanas. Sí, gracias, otro cortado. Ese que viene caminando, abrazando a la lluvia es Marcos, siempre tan feliz con su estúpida lluvia. ¿Que carajos hace por acá?. La reconoció a través del vidrio y sonrió, triunfante, él estaba ya muy lejos de su esclavitud, buscó algo en su bolsillo, su celular, atendió el llamado mientras seguía caminando hacia algún destino. Volvió a mirarme, se ríe el desgraciado, si, si, chau, desaparecé.
Un rayo quebró al cielo en dos y un manto negro cubrió su alma, recordó aquella última charla. Su estructurada vida, su excusa de no querer seguir una rutina, pero que en realidad sí lo era, y lo peor fue darse cuenta tan tarde, tan lejos ya de poder renunciar, tenía su carrera formada, sus deudas, sus amigos, su departamento en Caballito. Pero si a ella le gustaba todo eso, ¿como podía ser que ahora solo haya un hueco?. Se concentró tanto en tener su propio edificio de ideas y no-rutinas que olvidó la razón original por el cual se alejó de este país, su familia y la vida que ella no quería, lejos, lejos. Pero ahora en el mismo lugar que ellos. Es imposible escapar de los genes. Mejor pago la cuenta y me voy, ya paró de llover.

Encendió un cigarrillo y se dejó llevar envuelta en su propio humo, flotando hacia ningún lado, esquivando a nadie en ese Domingo roñoso, en un estado completamente automático en donde eran solo ella y su tabaco. Y Marcos, Marcos, tan lejano y tan cerca, cerca como la tormenta que está volviendo. Y caen las primeras gotas, tic-tic, en la cara de Sofía, y sintió que ya no la odiaba, sino que la reconfortaba. Y ahora eran varias gotas, y todas les recorrían la cara y las saludaban, dándole la bienvenida. La llovizna volvió a convertirse en diluvio y la abrazó. No pudo caminar más y se entregó a ella, dirigió su mirada al cielo, estalló en una competencia en donde le jugaba a la lluvia que su tormenta era más grande. Florida estaba desierta, eran solo ella y su nueva amiga. Y ahora lo comprendía, ahora podía tomar un nuevo camino, pero él ya estaba lejos.
Y golpear la pared, maldecir al mundo entero desde mi cabeza, espectros, todos espectros y ella allá, en el fondo, riéndose de mí, sintiéndose aliviada de que ya no soy parte de su vida. ¿Cuanto tiempo hace falta para recuperar la compostura?. Es imposible, algo que nunca tuve, todo fue ficción y un puto juego. Y pensar que eramos solo mi universo y yo. Sería tan fácil, lo único que tengo que hacer es subirme a la baranda y dejarme llevar, cerrar los ojos, sentir el viento, el último aliento, soltar a la vida en su última llama, abrazar a la muerte y ser uno con ella, sentir realmente el vacío que tanto me persiguió estos últimos meses. Y la luz se apagaría y solo quedaría nada. Dormir eternamente, en paz, fusionándome con la tierra y poco a poco desaparecer por completo, unirme con el universo y su inmensidad. Sí, es facil, lo único que tengo que hacer es vencer al vértigo.
El teléfono sonó.
Tags: Desvariando, Relatos
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5 Comentarios
Muy bueno el cuento. Te soy sincero, me cuesta leer tus posts mientras trabajo porque son largos y debo prestar atención en ciertos detalles. Acá pasa mucha gente y se me complica.
Bueno, te dejo porque me gustó el balcón de la oficina.
Muy bueno, y gracias por la dedicación.
La “imagen” de ella aceptando a la lluvia me pareció buenísima.
Saludos mbrotos
Pablo, gracias por tu visita al blog y los comentarios. Leiste Bukowsky? Contame. Un abrazo y seguí escribiendo.
Roru.
Pablo, te agregué un vinvulo desde mi blog. Un abrazo.
Roru.
hola… la verdad… wow
flashee con lo que escribiste, dios, espero que hayas sido vos el que escribiste esto. Es impresionante como logras describir cada sensacion de ella.
La imagen del cigarrillo, que mas o menos la anestesia, es genial.
Si vos escribiste esto, simplemente puedo decir “wow”.