Amor de infancia
Los enormes contenedores de grupos electrógenos desfilaban sobre la 9 de Julio atendiendo emergencias a causa de esa puta manía por los equipos de aire acondicionado. Apuré el paso y llegué hasta la parada del 26. El calor era insoportable y mi pequeño problema de transpiración no ayudaba demasiado. El caos era general, no habían subtes y eso es un grave problema para el movimiento en el centro de la ciudad. Parecía onírico que en pocas horas iba a terminar sumida en una oscuridad absoluta y la gente entraba en una desesperación progresiva a medida que el reloj iba corriendo hacia la noche.Yo volvía de una reunión con algunas personas que iban a estar en un proyecto que en un principio serían solo unos mangos extra, Marcos no parecía demasiado convencido, y siendo una persona tan segura en lo laboral, era mejor tomar el asunto con pinzas. Mis vacaciones habían terminado hacía tiempo y estaba empezando a acostumbrarme de nuevo a la vida rutinaria. Y este colectivo que no viene más y encima cuando aparece desborda de gente. Dejé pasar tres y con ellos una larga y extenuante hora, por fin, el cuarto, venía lleno pero se podía respirar. Subí y me enteré que el boleto había aumentado, al hecho lo encontré tan interesante como mirar una carrera de caballos un domingo por la mañana. Abriéndome paso, entre perdones, permisos y guarda-que-ahí-vengo, llegué hasta el final del colectivo.
Tal vez nunca tendría que haberme subido, tal vez los planetas se alinearon y quisieron jugarme una broma de mal gusto, o tal vez simplemente tenía que pasar. Tratando de sentir el viento que entraba por las ventanillas, encontré una mirada que hacía años no encontraba. Volvió ese momento a mi cabeza; era segundo año del secundario y la vi por primera vez, haciendo fila en el kiosco del colegio(un campo de batalla entre los que compraban y los que mangueaban) y por alguna razón se convirtió en una pequeña obsesión durante dos años más. Averiguaba cosas sobre ella, creaba situaciones en donde me la cruzaba e intentaba entablar dialogo, pero sin éxito. Buscarla en la biblioteca, en el kiosco, cerca de los baños, y un sin fin de contratiempos que llevaban a nada. Hasta que recién en cuarto año, nuestros cursos se juntaron y se convirtió en compañera, ahí fue cuando averigüé por su propia boca que se llama Andrea. Y durante lo que restó de secundario, entablamos una relación de amistad en donde siempre me mantuve al margen por miedo al rechazo, maldita costumbre. Cuando terminamos el colegio no la volví a ver y ya no era algo que me preocupaba, empezaba a salir con Malena y todo era maravilloso, hasta este momento.
Nos saludamos y hablamos de lo que fue de nuestras vidas, absolutas trivialidades, ella había seguido con filosofía y letras(algo que yo también quería hacer, pero diseño me dejaba más plata), se encontró con algunos ex compañeros que terminaron su carrera al mismo tiempo que el secundario y quedaron en la nulidad total, nos reimos y nos saludamos, pero cuando me bajé del colectivo pensé en la mujer que me esperaba en casa, y ahora una antigua sensación comenzaba a morderme los talones. ¿Por que habré quedado en encontrarme con Andrea?. Marcos señalaría el hecho como que estoy desesperado a que mi vida tome un nuevo rumbo, pero si yo soy feliz en mi mundo, no necesito nada más!.
Sentados contra una pared en el patio del recreo, señalábamos a la gente que nos parecía graciosa y les aplicábamos apodos indescifrables, para luego llamarlos por ese nuevo nombre solo para ver sus caras de confusión. Charlábamos de música, de cine, de libros. Y en cada palabra, cada mirada, cada gesto, podía encontrar las sutiles lineas de su delicado rostro, su piel blanca, absolutamente perfecta, su tierna mirada color miel, el pelo castaño hasta debajo de los hombros, sus manos de finos dedos con las uñas prolijamente cortadas, posándose sobre mi cara, acariciando suavemente cada milímetro de ella, mirándome fijamente y como me volvía loco cuando caminábamos a la par y me divertía que ella sea unos centímetros más alta que yo. Ella y su esbelta figura. Ella y yo. Su mundo y mi mundo, convertidos en uno. El colectivo, el calor, las gotas de sudor que corrían por su cara, mi mirada distraídamente seguía a cada una de ellas hasta llegar a su cuello y perderse en su remera. Desperté agitado, Malena dormía profundamente, la luz de la calle se colaba por las rendijas de la persiana y proyectaban sombras aburridas sobre la pared. ¿Por que ahora, después de tantos años?. No era una pregunta para hacerse a las cuatro de la madrugada, volví a dormirme.
Todo lo que tiene nombre tiende a moverse, y eso fue lo que hice, decidí que quería llegar al fondo del asunto, así que me encontré con Andrea, una, dos, cinco, diez veces, hasta que volvimos a establecer aquella relación en donde volvía a quedarme al margen, ahora más que antes. Estaba Malena, y estaba Ezequiel, la situación no podía ponerse más incomoda en cada encuentro. Y una noche coincidimos en salir con Marcos, los tres juntos, como en aquellas épocas en donde caminábamos desde Caballito hasta Flores, charlando de nada y riéndonos de todo y todos. Terminamos en un bar, Marcos se encontró con amigos y parecía un resorte, saltando desde acá hacia allá. Quedamos a solas y entre cervezas la honestidad comenzó a flotar, por alguna razón creí que contarle todo era una buena idea. Ella nunca tuvo idea de mi interior y cada palabra que expulsaba, me cortaba la garganta y hacía sangrar a mi corazón. Por algunos momentos intenté aparentar que era un asunto que no me importaba demasiado, pero caí en la cuenta que ella había sido mas de lo que pensé en mi vida, y mi tono de voz comenzó a quebrarse.
Una nube gris se instaló sobre mi ser y dejé de evitar a la realidad, hubo un silencio en donde nuestras miradas volvieron a encontrarse y esta vez pude percibir algo distinto, una aceptación, unos grados hacia la derecha y el destino cambia por completo. Observé a lo lejos que Marcos me miraba cómplice de mis oscuros sentimientos, luego a Andrea, que comenzaba a mover su boca y mi ansiedad comenzó a crecer, quería abrazarla y olvidar este lugar, esta vida, este sufrimiento. Pero se detuvo, y miró en dirección a nuestra mesa, en donde mi celular danzaba desesperadamente entre luces y ruidos que cortaron mi respiración. Malena lloraba, Malena confesaba, Malena, ¿que hiciste?. Definitivamente un nuevo rumbo debía ser tomado, y esta noche ya había sido suficiente.
Un pasillo largo con murales y luces de tubo fluorescente a los costados dejaban en evidencia la hostilidad de la gente que caminaba apresurada a sus lugares de trabajo. Monos. Un viejo a mitad de camino le hablaba a su bolsa de monedas, esperando que estas florezcan como si fueran girasoles, yo flotaba por el aire luchando entre los suaves labios de Andrea que nunca pude besar, y Malena cogiéndose a otro tipo, solo porque no-sabía-en-que-estaba-pensando.
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No lo entendi.
Hablamos cuando vuelvas? Siguen siendo AutoPosts?
Un Abrazo
NeO24666
Andres
http://www.neo83666.com.ar:8080
Comentario por NeO24666 — Febrero 6, 2008 #
“Todo lo que tiene nombre tiende a moverse…” muy bueno, es así, y para ir de un punto a otro el camino esta marcado aunque no lo sepamos, lo importante es decidir a donde ir el como se presenta andando.
Comentario por Sr. D — Febrero 6, 2008 #
che, tengo que trabajar. basta de engancharme en tus letras que debo seguir mi senda fluorescente de mono, mona bah.
Comentario por cronopita — Mayo 23, 2008 #