Esencia a vainilla

Una batería golpeada por escobillas se colaba desde lo lejos por mis oídos y a medida que iba acercándome a la librería de Bogotá 107 los instrumentos se iban sumando; un punteo mágico haciendo las veces de una trompeta ausente, una guitarra que hacía el ritmo y por último pero no por eso menos importante, las notas de un piano vertical que seguro databa de la década del ’30, pero sonaba como si fuera recién estrenado. No había duda, era jazz, puro, sólido, armonioso. Pero al mismo tiempo sucio, lento y desgarrador. Y al llegar a dicha librería, con una vidriera gigante, separada por una puerta de hierro-pintada de celeste- y, también, vidrio, con sus libros viejos pero bien cuidados, ordenados y apilados en estanterías que iban desde el suelo hasta el techo y piso de madera, con una luz tenue que haría temblar a cualquier polilla rebelde, observé que de la vereda de la calle emergía un techo -también de vidrio- protegido con rejas, y a través de él podía ver a los perpetradores de esta melodía que estaba recorriendo mi cuerpo salvajemente, haciéndome cosquillas, arrancándome el alma, vía partitura, vía improvisación. Entrar hubiera sido una falta de respeto, así que armé un pucho, tabaco con esencia a vainilla y filtro, claro. Ellos estaban tan concentrados, esclavos de sus instrumentos, creando esa música que me desintegraba. Una botella de vino sobre una mesita, la misma luz tenue, ellos, su música y yo.

El tiempo pasaba y me encontraba más y más sumergido entre esas partituras. El frío instalándose, poco a poco. El quilombo de la calle se iba apagando, convertido en murmullo, algunas hojas secas caían desde los árboles, producto del suave viento que ahora corría. Era de noche. Había quedado a mitad de camino, encadenado a estos acordes. Completamente preso e imaginando estar sentado entre la guitarra rítmica y la batería, compartiendo un suave néctar cabernet, la esencia a vainilla, dejando que la luna emita su luz a través de ese techo por el cual estaba espiando. Que la ciudad sea testigo de mi placer, mi corazón bombeando sangre, despertando a mi sistema nervioso, agudizando mis tímpanos, calentando las yemas de mis dedos, que ahora jugaban distraídamente con un nuevo cigarrillo. Exhalar y el humo que acariciaba libros que fueron leídos miles de veces, bajar la mirada y encontrarme con una masa homogénea que era cómplice de mi despertar, cómplice de mi ausencia en el mundo. Entrar hubiera sido una falta de respeto. Pero ellos ahí, siendo creadores de mi perdición, siendo su mundo, su universo, golpeando suavemente la batería, punteando ligeramente sobre la guitarra, tecleando armoniosamente sobre el piano, siguiendo un ritmo fuera de este planeta, transportándome a una época en la cual no existía, una fuera del tiempo, del lugar. La vida y la muerte eran una sola y hacían el amor, se reían de mi porque miraba desde afuera. Pero yo estaba adentro, sentado entre la guitarra rítmica y la batería, golpeando una rodilla con mi mano; tap, tap-tap, tap, tap-tap. Campos de amapolas acariciaban mi rostro y me dirigían hacia un éxtasis inminente, de vuelta hacia la soledad, de vuelta hacia el mundo conocido, de vuelta a casa.

No, esta era mi casa, no quería ser arrancado de ella. La base final, el punteo que dice adiós. Y ellos que se miraron, sabiendo lo que habían hecho, lo que habían repetido, como tantas otras noches, solo que esta vez fui testigo, fui condenado, esclavo, preso, muerto y resucitado. El silencio se instaló y descubrí amargamente que había sido vomitado de vuelta a las fauces de esta maquina bestial. Pero ahora corría con ventaja, ahora sabía cuando y donde. Ahora conocía el portal.

Uno de ellos levantó la vista y vio que una lagrima recorría mi cara. Fue clemente, no me delató, entendió mi mundo, supo que era también el suyo. Y con un ademán me invitó a pasar.

Entrar hubiera sido una falta de respeto.

3 Respuestas a “Esencia a vainilla”

  1. lalo de Caligari dice:

    Muchas Gracias
    Horóscopo: recibirás el agradecimiento de los músicos y serás el invitado permanente de la jam de los jueves.

  2. cronopita dice:

    lindo rincón parece este documentando la vida, invita a pispear lo que hubo y a tratar de adivinar lo que vendrá.

    conozco la sensación de ser observador de lejos, omnisciente casi, eso de no entrar pero saberse sumergido y con la lágrima tímida coronando la escena. anoche soñé que nadaba y ahora me doy cuenta que el jazz es un poco como nadar, se parece tanto a la libertad que da ganas de quedarse inmerso hasta que los dedos se conviertan en pasas.

  3. Mbrotos dice:

    Que bueno esos momento, donde nuestro mundo pueda darse el lujo de quedar por encima de la realidad cotidiana. La música tiene ese poder mas que otras cosas, es la gran puerta.
    Que lugar extraño que es Bogota por esos pagos, cercano a Otamendi, recuerdo cuando niño debía tomar esas calles lo maravilloso que era el recodo que por allí cerca formaban otras 2 calles (hoy sin nombre en mi memoria). Que barrio mágico que es Caballito, va supongo que el barrio de nuestra infancia siempre tiene un extra por sobre los demás.

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