Cuando el oído está entrenado, no es dificil notar
la caprichosa interferencia dentro de una canción.

Cuando el pasado muerde los talones,
el presente apura el paso ansioso y el futuro se desentiende.

Cuando la neurosis habita en los ojos de otra persona,
se respira falsamente aliviado y se esconde el miedo en un bolsillo.

Cuando el Sol acaricia suavemente el rostro, se funden la soledad
con la ficción,  todo lo demás deja de importar.

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