Vuelta

Los arboles bailaban en un suave ritmo con ayuda del viento en un día que dejaba atrás una ola de calor insoportable y traía consigo los primeros indicios de la llegada del otoño sin ofuscar demasiado al verano. Solo un pequeño indicio, recordarnos que no somos dueños de nada y que estamos alquilando cualquier centímetro de tierra que pisemos. Llegará el día en el que la misma naturaleza se cobre nuestra estadía, y creo que en algunas partes del mundo ya lo está haciendo.

Mientras tomaba un café en un balcón sobre Rivadavia veía como poco a poco al parque iba llegando gente de todos lados, a fin de disfrutar el día que se estaba desarrollando. Decidí que ya había pasado demasiado tiempo desde que di el primer sorbo así que bajé a mezclarme con toda esa gente, en el primer hueco de pasto que encontrara libre. No sin antes llevar conmigo una segunda vuelta de cafeína, que es tan importante para permanecer frenético en el pequeño espacio al que nos han convencido que debemos vivir sin cuestionar.

Sentado en la marea verde, y tratando que las hormigas no me piquen el culo, me sumergí en lo que mejor se hacer; observar. Gente, gente, gente. Gente con pequeña gente, gente con gente mayor, gente besándose con otra gente, gente vendiendo a más gente. ¿Mencioné que lo primero que observé fue gente? Prometo que no fue lo único, en el medio del parque podía escuchar como desde otro universo llegaba el ruido de autos, camiones y colectivos hasta donde estaba sentado, tratando de despegarme del suelo y flotar en pensamientos sin sentido. Ah, ahí va gente que cruza el parque con bolsas de supermercado para convertirlas en algún almuerzo familiar, mamá, papá, los nenes y probablemente algún abuelo o tío.

Palomas se comenzaron a congregar a mi alrededor y empecé a convertirme en una suerte de estatua, mientras una voluntaria limpiaba con un rastrillo las hojas y sentía un frío en la espalda al percibir una presencia que no estaba ahí, entre las palomas. Apuró el paso y se alejó rápidamente, con las hojas muertas pateándole los talones y el sol que empezaba a pasar el mediodía y jugaba con mi sombra.

Así estuve un rato, sintiendo al tiempo dándome tregua, agazapado en un rincón de la casa que no veía hacía dos años, la casa que dejé por creerme un aventurero, un rebelde del sistema, una anomalía atrapada entre tantas anomalías, pero se estaba tan bien con el reloj detenido. Y nadie que… ring!

-Marcos, ¿como es eso que volviste y no llamás para avisar? – Reclamaba Malena desde el otro lado de la línea.
-Volví ayer, boluda, déjame acostumbrarme un poco al aire cargado de carbono.
-Sos un pelotudo, ¿Dónde estás?.
-En el parque, ¿donde más voy a estar un sábado?
-En media hora estoy ahí. –Dijo, sin darme tiempo a excusarme, y cortó.

Después de mezclar mate con Malena durante horas y su interminable explicación a la vida, el universo y todo lo demás, fuimos a la casa de Dante, para que me den la bienvenida.
-Cara de verga, vale mandar un mail de vez en cuando para que supiéramos que estabas vivo. – Dante reclamaba en el mismo tono que Malena. Hacía tiempo que estaban viviendo juntos.
-Como se nota que te estuviste juntando seguido con Javier, maleducado de mierda.
-Si, parece que se volvió una constante en nuestra vida, como vos, pelotudo. –se apuro a objetar Malena.
-¿En que agujero estuviste metido todo este tiempo, salame? –preguntó Dante.
-Acá, allá, en ningún lado, buscándome, perdiéndome, encontrándome y volviéndome a perder.
-Siempre tan literario, vos. – se burló Malena.
-Te perdiste unas cuantas cosas. – agregó Dante – Sofía…
-Sí, ya me enteré, déjalo ahí. – Respondí – ¿Qué más?
-Se murió tu ex presidente. – dijo Malena.
-Che, no vivi adentro de un tupper, a los diarios los leía. – Dije
-Ah, la señorita se molestaba en leer los diarios de acá pero no en comunicarse con los amigos. – Protesto Dante.
-Cortala, diseñador de porongas, no me era fácil estar allá desconectado de todos.
-¿Desconectado como? ¿Qué estuviste haciendo? – Preguntó Malena.
-Ya les voy a contar en algún momento. Parece que estamos a las puteadas en honor a la ausencia de Javier. ¿Dónde está?
-De viaje en Córdoba, desde que te fuiste le agarró esa costumbre de desaparecer como vos, pero en intermitencias, no puede alejarse realmente de su mundo, se muere si no está cerca de su mascota por más de una semana. Probablemente esté volviendo en estos días. – Dijo Dante.

Entre mates y palabras al aire, la tarde fue pasando hasta convertirse en noche y la merienda en cena, acompañada de cervezas y más palabras al aire. Entre platos sucios y la nube de humo que se fue formando con el tabaco de sobremesa, Malena sugirió ir a un bar a seguir la noche.

Luego de acceder a ir y una previa parada en casa para deshacerme del pasto que me había quedado en los bolsillos, la espalda y pliegues del pantalón, nos dirigimos al bar de siempre, que en mi caso ya no era el de-siempre pero lo mismo sí lo era.

Más cervezas, Malena y Dante ya entonados bailando torpemente entre la barra y la gente y yo observando, una novedad. A estas alturas creo que paso más tiempo observando una película que pasa delante de mis ojos que el tiempo que participo en ella, y se siente tan solitariamente bien.

Aves de rapiña de un lado, presas del otro, un dios dj(o vj en este caso, los videos son su fuerte) que cambia el clima musical cual nube caprichosa que no sabe en que alma llover. Y la eterna barra que servía alcohol sin descanso a un público que estaba cada vez más borracho, incluyéndome. Una escena interesante y familiar se apoderó de mis ojos; una ronda de tipos estallaba en carcajadas una y otra vez mientras uno de ellos contaba una anécdota con la que parece ser una conocida de ese grupo. Hablaban de ella despectivamente, como si fuera un elemento inerte y sin alma. Entre la música, el alcohol, las bajas luces y su aspecto de seres superados, sentí lástima por el mundo que me rodeaba y por mí. Tomé un largo sorbo de mi cerveza recién abierta y calculé el tiempo que me llevaría vaciarla. Siete minutos, dijo mi reloj corporal.

Alguien me dijo algo en algún momento, pero no lo capté al estar tan lejos de la realidad. Luego me di cuenta que eran Dante y Malena ofreciéndome llevarme a casa y cuando estaba notando que un viento acariciaba mi cara, me encontré sentado en el asiento de atrás del auto de Dante, mirando la noche invadida por las luces de la ciudad.

Bajé en la casa de ellos y caminé desde ahí. Imaginando la inestabilidad de los sucesos que estaban por venir. Después de cuatro cuadras que pasaron volando entre divagues varios, llegué a casa.

No me vas a ver

Te odio. Desde el momento en que te vi al entrar por esa misma puerta, te odio. Sin embargo, no existe una razón puntual, algo especifico que determine mi odio hacia vos, solo una suma de acontecimientos y características. Tomemos por ejemplo a tu pelo, tan asquerosamente oxigenado, tan horrorosamente parecido más a una escoba que a una cabellera humana. Todos van a hablar de mi esta noche! -te imagino despertando y exclamando, como si fuera el acontecimiento del año, y acto siguiente masajeando tu cabeza con ese menjunje de olor putrefacto. Haciendo caras frente al espejo, aumentando tu ego, cargando tu batería de cinismo. Y luego, en la calle, los comentarios, que fueron todos buenos, porque, enfrentemoslo, no hay nadie en esta ciudad que te haya dicho una sola realidad. Están acostumbrados a tu velo de falsedad, algunos saben lo peligrosas que pueden ser tus palabras y por eso te temen, otros simplemente lo ignoran, no esperemos que sean todos tan lúcidos como vos.

Continue…

Antes era puro estudio

Escribir es como respirar, antes de decir nada hay que llenar los pulmones, oxigenar la sangre, tomar impulso y dar el salto. Así como nunca se sabe si la bocanada viene acompañada del hipo, es prácticamente imposible premeditar el inicio, podría terminar en una absoluta catástrofe en donde solo quede un puñado de palabras flotando en el aire, perdidas, desagradecidas, pero asesinas, mutilando a su dueño luego de haberle construido una jaula alrededor y oprimirlo hasta dejarlo, irónicamente, sin aire. Lo único que queda es entonces realizar el experimento de Schrödinger y abrir la caja, averiguar si el gato está vivo o muerto, porque parece que en nuestro contexto no pueden darse los dos casos al mismo tiempo.

- A ver si volvés a la realidad que acá estamos con algo importante, Dante.
- De que hablan, che?
- Malena dice que es imposible evitar el problema del como-te-va.
- A mi me va bien, estaba pensando en gatos.
- A vos hay que explicarte todo, salame. – Sofía tomó su típica postura de piernas cruzadas, y dándole un buen sorbo a su cerveza, continuó – Cuando saludás a alguien, parece haber como una complicidad tanto en el emisor como en el receptor, los dos preguntan al mismo tiempo(después del hola) un como te va o como andás que no tiene ningún tipo de respuesta, el dialogo termina ahí y es como si la frase nunca hubiera existido.
- Yo nunca tuve ese problema, cómo te va?.
- Es porque vos te dedicás a lo social. Diseñás, es una forma de comunicarse. Lo tenés desarrollado. Pero el resto de los mortales no es inmune y cada vez que pregunto a alguien como le va y no me responde, me revienta, dan ganas de enterarse que se está por morir.
- Si fuera por vos, que se mueran todos los presentes en este living. Pero igual no me respondiste como te va, te quejás pero estás en la misma bolsa, aprendé a no ser hipócrita.
- No entendés, la solución está en el problema…
- Vos no entendés -interrumpió Javier-, si a mi me preguntás como me va un Domingo a las ocho de la mañana yo te vomito en la cara y pido la cuenta. Pretendés confrontar a una pregunta desinteresada que se usa por pura cortesía solo porque te encaprichaste con saber como le va a la otra persona, y ni siquiera te interesa.
- Ahora se ponen todos en mi contra – protestó Sofía.
- No, yo pienso igual que vos – siguió Malena -, pero no podés culpar a la gente que no te responde, la mayoría de las veces es miedo al dialogo, creen que con la pregunta ya zafaron de quedar como unos antisociales y en realidad lo que están haciendo es reafirmar el concepto. Como te va? y no te responden. Listo, es un perfecto pelotudo, pero tiene su ventaja. Ante su silencio yo asumo que no me respondió como le va porque en realidad esa misma mañana descubrió que le va como la mierda y ahora mientras hablamos se está hundiendo una gillette en las venas. Yo no me quiero enterar esas cosas de los desconocidos, no sirvo de psicóloga ni mucho menos cargar en mi consciencia con fiambres.
- No hablés de fiambres que Javier se pone loco – bromeó Dante y le cayó un bollito de papel.
- Te vómito en la cara, gil – dijo Javier -. La realidad es que no van a tener respuesta nunca, quieran o no, el verdadero dialogo se da entre los de confianza, aunque no haya contenido. Yo directamente digo Hola y se acabó la historia, si me preguntan como me va les digo que seguro mejor que ellos, y que no me rompan las bolas porque les dejo todo el baño cagado.
- Vos y tus metáforas -dijo Dante.
- Que metáforas?, les lleno el inodoro de mierda y ahí sí les va a ir mal, por si quedaba alguna duda.

A fin de cuentas parece que en realidad no importa. Si te va bien, te va mal, la que te llora en la tumba es tu mujer o tus hijos, si es que todavía alguno te habla y si tuviste mujer e hijos en algún momento. La luz se puso un poco tenue y se habla de cualquier cosa acá, antes era juntarse a hacer trabajos prácticos, estudiar, ahora es pura cerveza y filosofía barata. O el Fernet en su medida justa, con la cantidad de hielo exacta y una fina capa de espuma, después te queda un poco en el labio y la lengua la recoje satisfecha, saboreando ese primer trago que enciende todos los sentidos, recorre todo el sistema digestivo endulzándolo y pide más.

- Che, quedó Fernet ? – dijo Dante levantándose y dirigiéndose a la heladera.
- Vos te quejás, pero también usás Converse, o sea que tenés algo en común con ellos – le reprochaba Malena a Sofía.
- No me jodás, no pasa por la ropa, es la mente lo que interesa, y no me podés decir que no se visten como un teletubbie drogado – dijo Sofía.
- No, pero es una etapa, después crecen y tienen una vida – dijo Malena.
- Mentira, esos pibes se mueren sin haber aprendido nada de la vida. Y no es vive y deja morir, cuando vas al shopping están por todos lados y no te dejan ser – dijo Sofía.
- Ah, la señorita todo el día de shopping – dijo Javier -, bancátela, así funcionan las cosas hoy.
- Siempre tan conformista, Javier – dijo Sofía -, ahora me vas a decir que te podés sentar a leer tranquilo en el Abasto y que son parte de un paisaje pintoresco.
- Yo al Abasto voy al cine nada más – dijo Javier-, cuando me toca gratis, y me divierto haciendo ruido en mi butaca, la gente se escandaliza tanto cuando no seguís las reglas, lo más gracioso es que después ellos tienen el celular encendido o mastican con la boca abierta, te dan ganas de escupirles en la cara para que sientan lo molesto que es.
- Como hacer ruido desde tu butaca – dijo Malena.
- Es distinto -dijo Javier-, yo protesto contra el metódico funcionamiento de este sistema. Por que tengo que viajar parado en el subte si pago la misma cantidad que los que viajan sentados?. El tema está en que a la administración no le interesa el usuario, ellos quieren hacer circular la moneda teniendo toda la infraestructura atada con alambres. Que viajen todos como ganado, total nadie hace nada porque están más preocupados en rellenar sus vidas con cosas rutinarias. Se quejan desde su lugar, claro, pero sentados como cerdos en frente de un televisor y viendo programas de chimentos. “Mirá como está el país, es una vergüenza” te dicen, pero si les preguntás que están haciendo para cambiarlo se ruborizan y se cagan encima.
- Hoy estás con la idea fija – dijo Sofía-. Y vos que hacés para cambiar las cosas ?
- Avivo giles – dijo Javier.
- Muy profundo – dijo Sofía.
- Exactamente – dijo Javier-, y no me dejo engañar por esta capital. La superficie está llena de gente que cree que piensa y que tiene su vida hecha, hasta acá llegamos y ya no hay más que hacerle. Al país le va mal porque la culpa siempre es del otro, y cuando saben que la culpa es de ellos, que hacen ? patean la pelota, siempre. Vos te dás cuenta de que estaríamos un poquito mejor si cada uno asumiera responsabilidad?. Y no soy conformista.
- Pero así no tiene gracia – dijo Dante ubicándose de vuelta al lado de Malena -, de que te sirve a vos que todo el mundo empiece a pensar? lo único que lograrías es dejar en evidencia que sos un tarado.
- Vos asumís que yo creo que pienso un poco mejor porque el resto de la gente está idiotizada -dijo Javier-. Acá Darwin tenía razón, y no con el más fuerte físicamente(a veces sí, pero no), sino con el más fuerte de mente. Tenés el pequeño grupo de personas que vive bien porque supo usar su inteligencia y tenés al resto, ahí te encontrás con ignorantes, cómodos y resignados, y a esos no los podés descartar porque existen los derechos humanos.
- Que comentario oscuro, nene – dijo Malena golpeándole el hombro.
- Hay un poco de verdad en eso – dijo Sofía – suponete que seamos todos de mente superior, sabés que lindo quilombito intelectual se armaría?, es un equilibrio. Pero vos entonces no te quejés y aprovechate de eso, sino para mi sos un más.
- No me importa lo que pienses – dijo Javier -. Yo vivo mi vida y la vivo feliz.
- Amén – dijo Dante, y se terminó de un sorbo su Fernet.

Y quienes somos nosotros para juzgar? porque acaso podría venir uno superior a nosotros y nos da de a patadas en el culo. Nos divertimos apuntando los defectos de la gente pero los defectos los traemos nosotros. Ellos tal vez ni se percatan de nuestra existencia y acá estamos, como unos boludos discutiendo sobre su ropa. Yo tenía que terminar con un diseño hoy, pero que paja. Mañana me levanto temprano y listo.

Más tarde, cada uno siguió por su lado, Dante dejó a Malena, que estaba bastante borracha, en su casa, la metío en la cama y le dejó el balde al lado por si quería vomitar, este Javier siempre con sus premoniciones. Se volvió a poner la campera y salió al frio de la noche, que no albergaba ninguna nube nocturna y llenaba el cielo de pecas blancas, moviendose lentamente hacia la salida del Sol. Compró unas facturas calentitas en la panadería de en frente. Esto sí que es vida – pensó -. Yo en mi pequeño mundo con mi mate, Male y la pc, en ese orden. No podría sentirme más ignorantemente satisfecho. Buen día, como le va, me dá La Nación?.

Apagón

No tenía cara. Por supuesto que estaba ahí, pero era como sí. Tampoco tenía cuerpo. Ni altura. Se movía dentro del grupo como si fuera un fantasma. Indeseado, pero fantasma al fin. Se venía en tren desde el conurbano solo para confirmar una y otra vez que no pertenecía al grupo. Ni a ninguno. Y es por eso que los ataques psicóticos brotaban cada vez, tratando de llamar la atención. Tratando de encender una luz cuando por su cuerpo(su no-cuerpo) no corría electricidad.

Trabajaba de administrativa. Moviendo papeles de un lado a otro y cumpliendo horarios tan normales y rutinarios como el amanecer, ese que miraba con nostalgia y preguntaba en que rincón de su vida había perdido la voluntad de querer entender los colores primaverales, el rocío, el olor del pasto húmedo y, por supuesto, el gusto del café.

Su oscuro pelo caía sobre el rostro de aquellos hombres con los que creía estar haciendo el amor, en una completa histeria que los envolvía y terminaba espantando, llorando sin poder sentir el calor de la piel ajena y sumergiéndose en Radiohead, PJ Harvey y Fiona Apple. El sexo terminaba siendo un elemento más en su inventario de absolutamente-nada, ahora llueve y las gotas recorriendo una mano sin nervios, sin frió ni calor, frotándola contra el jean, secando el vacío.

Estaba acostumbrada a que su aniversario sea un año más en su documento, aunque aquella noche fue ligeramente descubierta por un tal Sebastián, mucho gusto. Terminar en su cama roída por desesperanzas y resignación, transformadas en un desayuno que le prometía un cambio de rumbo, uno en donde se cante el feliz cumpleaños y se regalen rosas y el quedate conmigo, que no tenemos que hacer nada este Domingo.

Pero como ella ya suponía, algunos meses después, cuando casi logra despertar del letargo, Sebastián aburrido siguió el rumbo solo, argumentando falsas excusas y no-sos-vos-soy-yo.

Esencia a vainilla

Una batería golpeada por escobillas se colaba desde lo lejos por mis oídos y a medida que iba acercándome a la librería de Bogotá 107 los instrumentos se iban sumando; un punteo mágico haciendo las veces de una trompeta ausente, una guitarra que hacía el ritmo y por último pero no por eso menos importante, las notas de un piano vertical que seguro databa de la década del ’30, pero sonaba como si fuera recién estrenado. No había duda, era jazz, puro, sólido, armonioso. Pero al mismo tiempo sucio, lento y desgarrador. Y al llegar a dicha librería, con una vidriera gigante, separada por una puerta de hierro-pintada de celeste- y, también, vidrio, con sus libros viejos pero bien cuidados, ordenados y apilados en estanterías que iban desde el suelo hasta el techo y piso de madera, con una luz tenue que haría temblar a cualquier polilla rebelde, observé que de la vereda de la calle emergía un techo -también de vidrio- protegido con rejas, y a través de él podía ver a los perpetradores de esta melodía que estaba recorriendo mi cuerpo salvajemente, haciéndome cosquillas, arrancándome el alma, vía partitura, vía improvisación. Entrar hubiera sido una falta de respeto, así que armé un pucho, tabaco con esencia a vainilla y filtro, claro. Ellos estaban tan concentrados, esclavos de sus instrumentos, creando esa música que me desintegraba. Una botella de vino sobre una mesita, la misma luz tenue, ellos, su música y yo.

El tiempo pasaba y me encontraba más y más sumergido entre esas partituras. El frío instalándose, poco a poco. El quilombo de la calle se iba apagando, convertido en murmullo, algunas hojas secas caían desde los árboles, producto del suave viento que ahora corría. Era de noche. Había quedado a mitad de camino, encadenado a estos acordes. Completamente preso e imaginando estar sentado entre la guitarra rítmica y la batería, compartiendo un suave néctar cabernet, la esencia a vainilla, dejando que la luna emita su luz a través de ese techo por el cual estaba espiando. Que la ciudad sea testigo de mi placer, mi corazón bombeando sangre, despertando a mi sistema nervioso, agudizando mis tímpanos, calentando las yemas de mis dedos, que ahora jugaban distraídamente con un nuevo cigarrillo. Exhalar y el humo que acariciaba libros que fueron leídos miles de veces, bajar la mirada y encontrarme con una masa homogénea que era cómplice de mi despertar, cómplice de mi ausencia en el mundo. Entrar hubiera sido una falta de respeto. Pero ellos ahí, siendo creadores de mi perdición, siendo su mundo, su universo, golpeando suavemente la batería, punteando ligeramente sobre la guitarra, tecleando armoniosamente sobre el piano, siguiendo un ritmo fuera de este planeta, transportándome a una época en la cual no existía, una fuera del tiempo, del lugar. La vida y la muerte eran una sola y hacían el amor, se reían de mi porque miraba desde afuera. Pero yo estaba adentro, sentado entre la guitarra rítmica y la batería, golpeando una rodilla con mi mano; tap, tap-tap, tap, tap-tap. Campos de amapolas acariciaban mi rostro y me dirigían hacia un éxtasis inminente, de vuelta hacia la soledad, de vuelta hacia el mundo conocido, de vuelta a casa.

No, esta era mi casa, no quería ser arrancado de ella. La base final, el punteo que dice adiós. Y ellos que se miraron, sabiendo lo que habían hecho, lo que habían repetido, como tantas otras noches, solo que esta vez fui testigo, fui condenado, esclavo, preso, muerto y resucitado. El silencio se instaló y descubrí amargamente que había sido vomitado de vuelta a las fauces de esta maquina bestial. Pero ahora corría con ventaja, ahora sabía cuando y donde. Ahora conocía el portal.

Uno de ellos levantó la vista y vio que una lagrima recorría mi cara. Fue clemente, no me delató, entendió mi mundo, supo que era también el suyo. Y con un ademán me invitó a pasar.

Entrar hubiera sido una falta de respeto.

Síndrome de Chofer

Pero que día desprolijo, che, un clima de tragedia y siempre saliendo a cualquier hora. Que buscarlos a este hotel, que buscarlos al otro, así no se puede laburar. Ojalá que llueva, con toda la tierra que me espera por los ripios.

Insoportable la gente, no paran de hablar. Y esta guía que se las cree todas, si total el diablo sabe más por viejo que por diablo, estas rutas son mías, que carajos me importa si la punta de ese cerro tiene forma de monje, duendes subiendo, tren o cáncer de mama.

Menos mal que el hambre es una sola, me voy a comer unos sanguches y un vinito en el kiosco de Julio con los muchachos y parar cada veinte minutos a mirar lagos y flores, como si nunca hubieran visto agua y tierra. Insoportables. Que me importa si a los monjes los mataron esos indios ignorantes, si no había fobal, esos no tenían ni idea y encima se murieron andá a saber hace cuantos años.

Y dale con que apague el aire, no se dan cuenta que estoy hecho una sopa acá adelante. No, si estos no te aprecian nada. Ah, pero para protestarte porque no tenés música sí, o porque lo pasé al chileno ese en la curva, un queso manejando la Toyota. Nada, no saben nada estos, todo es gastar, sacar fotitos y hablar hasta por los codos. Pero cortala con los grititos, nenita, que ya llegamos, a ver si se bajan y me dejan en paz dos horitas. Que si, que pueden ir al Mendieta, total gastan que da miedo.